jueves, 23 de abril de 2009

EL BALONCESTO, TAMBIEN ES ASI.

El deporte es siempre bonito. El deporte rey de este país, siempre se ha llenado de tópicos. El baloncesto no tiene nada que envidiarle. Es más, a mí personalmente, me produce más satisfacción como aficionado, la canasta que el balompié.


Un partido de baloncesto, tiene muchos matices, decisiones técnicas que te hacen pasar de la gloria al infierno en décimas de segundo. Árbitros que te dan y te quitan a su antojo. Jugadores que dependiendo de si la pelota entra, se convierten en héroes o villanos.


El pasado domingo, en el Palacio de los Deportes de Granada hubo de todo. Emoción, juego espectacular, polémica, sudor, lagrimas, alegría… pero en realidad lo que hubo en el Zaidín, fue BALONCESTO, así, con mayúsculas.

Los árbitros, ‘se equivocaron’ desgraciadamente, mas para un lado que para otro. Es muy difícil pitar, aunque siendo tres colegiados y en una pista tan reducida, hay decisiones que a uno se le antojan ‘extrañas’. No quiero basar mi relato en el victimismo, ni me quiero dejar llevar por el forofismo, que sin duda tengo, pero al que intento no hacer caso. Cierto es que si me hubiera puesto delante del ordenador a relatar este escrito, justo al termino del encuentro, me hubieran tenido que censurar todo el panfleto. Sin embargo, quiero hacer un ejercicio de tranquilidad e intentar ser lo más objetivo posible.


Algunos aficionados vascos, en algún medio digital, recriminan a los granadinos que ‘hay que saber perder’. Tienen razón, aunque yo les diría, que también hay que saber ganar y sus jugadores no estuvieron a la altura que se les supone. Los pasos de salida de Mickeal, en la última jugada, son discutibles, e incluso puedo llegar a reconocer que siempre se suelen hacer y nunca se pitan. Pero es que el arbitraje del pasado domingo, no fue solo esa jugada, hubo mucho mas durante los 45 minutos que se estuvo en la cancha. El tiempo, está bien rectificado y no voy a entrar a valorar si hubiera sido al revés. ¿La patada de Ivanovic al luminoso de la publicidad? Vamos a creer en que no lo vieron… La ceja partida de Borchardt, otro momento de ceguera, a cualquiera le puede pasar. Tengo en mente varias jugadas del americano, debajo del aro y en las que se debía de haber pitado tiro adicional, pero pensemos en que algunos errores, también se cometieron bajo el aro rival. El arbitraje, un asunto de mala suerte, otra vez será al contrario, pero siempre con la certeza de que no hay mala intención, por mucho que lo parezca.


El juego de los nazaríes, también estuvo repleto de lagunas y aun así, se mereció mejor suerte. Pero hubo otros detalles que no conviene pasar por alto y que no deben de tapar ciertas carencias que conviene corregir.


Sinceramente, no se que pinta Jasen en medio de la pista. Sus tres primeras acciones, tres perdidas. Este chico lo debe de tener en su contrato, ‘si no haces tres pifias seguidas, no te renovamos’. Son acciones, que por si solas, te pueden costar un partido. En el último cuarto, tubo dos acciones que acabaron en canasta, pero en todo momento fueron jugadas sin claridad y muy atolondradas en la que la suerte le sonrió. Como perro de presa, el chaval tiene valor, pero poco mas. La última jugada, se tenía que haber jugado con hombres bajitos y pegados, cada uno, a su hombre. Mickeal, encontró una autopista hacia el cielo inmensa. Fue la canasta más fácil que yo recuerde en unos instantes finales de cualquier partido.


El partido, debió ganarse antes. En el tercer cuarto, sufrimos una de las habituales pájaras y nos endosaron un parcial de 2-17, incomprensible. La suerte le sonrió a Rakosevic, en plena remontada vitoriana, con un triple más adicional. (La personal, yo no la vi.)


Sin embargo, en el periodo final, cuando parecía que Tau ya podía cantar victoria, una jugada de tres mas uno, con Gianella como ejecutor, nos volvió a meter en el partido. De esta manera, la diosa fortuna, nos devolvía lo que antes nos había quitado. Esa acción fue la clave para ganar, de no haberse producido, seguramente, no habría habido polémica final. Ya antes, los vascos, se habían marchado de seis y dos jugadas seguidas de tres puntos, empataron el partido. Un vaivén de tremenda emoción y al que solo le faltó la guinda del triunfo local.


La ausencia de Nacho Martín en la pista, solo puede tener una explicación. El catalán pasa en los entrenamientos de todo. Por que si no, no se entiende como Jasen dispone de minutos y Martín se queda en el banquillo.


Para concluir, la perdida de balón producida antes de la fatídica última acción. ¿Cómo se puede regalar esa bola? Que por cierto y para ser justos, nos la habían regalado los colegiados, tras pitar una acción no reglamentaria del rival, cuanto menos dudosa. Aunque conviene decir que anteriormente, a los granadinos, les castigaron con la misma moneda.


Muchos pequeños detalles que son la salsa de este deporte tan atractivo y apasionante.

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